Durante mucho tiempo pensé que no estaba hecho para ser padre. No tenía la madera. Me considero irresponsable, egoísta, inmaduro e inconformo. Entonces, siendo así, ¿Cómo era posible que trajera al mundo a alguien y hacerme cargo de el? Si yo mismo pensaba que no le encontraba sentido a la vida.
Sin embargo, hace muchos años, una amiga de la Universidad me abríó los ojos y me dijo que ser padre involucraba presentarle al mundo a una persona, hacerlo vivir las maravillas que ofrece y que eso englobaba una gran alegria y felicidad.
A partir de ese momento acepté que, sería todo un privilegio ser padre. Pero para ese evento faltarían muchos años.
Y el tiempo pasó, terminé la carrera, comencé a trabajar, hice una maestría, luego otra. Y aún veía lejos el momento de ser padre. Aunque de un instante a otro esa situación cambió. Cada vez mas me llamaba la atención tener un hijo; siempre tenía el miedo de poder ser un buen modelo y eso me detenía. Hasta que decidimos embarazarnos y vivir la emoción del momento.
Mi conclusión fue, que a pesar de mis miedos, de mis creencias sobre la paternidad, debería darme la oportunidad de vivirlo en carne propia y aventarme al ruedo.
Así que aquí vamos.
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